TRAUMAS SIMPLES

El trauma produce un cambio en la autopercepción del individuo. O dicho de otra forma, altera el yo. Y esto afecta a todas las esferas en las que se mueve la persona: la seguridad, el entorno, las relaciones y hasta su propia racionalidad.

Hablamos de que una situación es traumática cuando un acontecimiento o un conjunto de ellos alteran las percepciones de una persona. El episodio o los episodios traumáticos dificultan la integración del pasado en la realidad presente, ya que la persona no consigue explicar esos hechos de forma coherente y satisfactoria. La persona vive anclada en el pasado, reviviendo los hechos traumáticos una y otra vez y eso le impide vivir el presente de manera adecuada. Es más, cualquier suceso presente puede desencadenar el recuerdo del trauma, lo que provoca que la persona reaccione de manera desproporcionada a lo que está viviendo. Se produce un desajuste en la realidad presente, lo que impacta de manera negativa en la persona y agrava el trauma, ya que se va arrastrando cada vez más en el tiempo.

Cuando denominamos a un trauma como simple hacemos referencia al impacto que no ha podido ser procesado de manera adaptada por la persona cuando los acontecimientos sucedieron.

En este caso nos referimos a hechos puntuales, concretos, situaciones extraordinarias difíciles de afrontar de por sí, por su naturaleza traumática intrínseca. Su imprevisibilidad y su fuerza negativa imposibilitan un procesamiento adecuado y normal, nos bloquean la posibilidad de poder afrontar y defendernos de una manera eficaz.

Accidentes, desastres naturales, pandemias, enfermedades, atentados, violaciones, agresiones, pérdidas repentinas y drásticas (trabajo, muerte, pareja…)

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), es la referencia más empleada para describir el trauma simple en los adultos. Según el DSM-V, el trauma se sitúa dentro de los llamados trastornos de ansiedad, realizando una distinción entre el Trastorno por Estrés Agudo y el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).
Vamos a repasar los criterios diagnósticos de cada uno de estos dos trastornos.

Trastorno por estrés agudo

Trastorno por estrés postraumático

Su característica principal es la aparición de ansiedad o síntomas disociativos durante el mes siguiente a que se produzca el suceso traumático.

La aparición de ansiedad o síntomas disociativos se prolongan durante más de un mes.

Criterios diagnósticos

Criterios diagnósticos

  • La persona ha estado expuesta a un episodio traumático en el que ha experimentado o presenciado acontecimientos con muertes o amenaza de su integridad física o de otras personas.
  • La persona ha respondido con miedo, desesperanza u horror extremos.
  • Durante o después del acontecimiento traumático, la persona presenta tres o más de los siguientes síntomas disociativos:
  1. Sensación subjetiva de embotamiento, desapego o ausencia de reactividad emocional.
  2. Reducción del conocimiento del entorno o aturdimiento.
  3. Desrealización.
  4. Despersonalización.
  5. Amnesia disociativa.
  • El acontecimiento traumático es reexperimentado de manera persistente a través de imágenes, pensamientos, sueños, flashbacks, ilusiones o malestar ante situaciones que desencadenan el recuerdo del trauma.
  • Evitación reiterada y acusada de estímulos que recuerden el trauma: personas, lugares, sentimientos, conversaciones, actividades…
  • Síntomas acusados y persistentes de ansiedad, como por ejemplo irritabilidad, mala concentración, sobresalto frecuente, dificultad para dormir, inquietud motora, hipervigilancia, etc.
  • Malestar clínico relevante o deterioro social y/o laboral, que interfiere en la capacidad de llevar a cabo tareas indispensables por sí solo.
  • Estas alteraciones suelen durar como mínimo dos días y hasta un máximo de cuatro semanas y no se deben a los efectos fisiológicos de una sustancia (como fármacos o drogas) ni a una enfermedad médica.
  • La persona ha estado expuesta a un episodio traumático en el que ha experimentado o presenciado acontecimientos con muertes o amenaza de su integridad física o de otras personas.
  • La persona ha respondido con miedo, desesperanza u horror extremos.
  • El acontecimiento traumático es reexperimentado de manera persistente a través de una o más de las siguientes formas:
  • Recuerdos del suceso a través de imágenes, pensamientos o percepciones.
  • Sueños recurrentes vinculados con el suceso, que pueden llegar a ser terroríficos.
  • Sensación de que el suceso traumático está ocurriendo en el presente, reescenificación.
  • Malestar psicológico intenso.
  • Respuestas fisiológicas disociativas frente a estímulos que traen el recuerdo del acontecimiento traumático.
  • Evitación persistente de estímulos asociados al episodio traumático y alteración o embotamiento de la reactividad general de la persona (que no estuvieran presentes previamente a la aparición del trauma), con síntomas específicos tales como:
  • Evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
  • Evitar actividades, lugares o personas que pueden dar lugar a recuerdos sobre el suceso traumático.
  • Incapacidad para recordar algún aspecto importante del acontecimiento traumático.
  • Reducción acusada del interés o la participación en actividades.
  • Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
  • Restricción o alteración de la vida afectiva.
  • Sensación de tener que afrontar un futuro desolador.
  • Síntomas persistentes de aumento de la activación, como por ejemplo:
  • Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  • Irritabilidad o ataques de ira.
  • Dificultad de concentración.
  • Hipervigilancia.
  • Respuestas exageradas de sobresalto.
  • Estas alteraciones se prolongan durante más de un mes.
  • Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas significativas en la vida y las actividades de la persona.

En todos estos casos el tratamiento más efectivo, no el único, es el EMDR. Este modelo psicoterapéutico permite acceder a aquellos sucesos perturbadores que subyacen en el cerebro y dan origen a los traumas, pero también a los disparadores actuales y a las experiencias futuras proyectadas y que se pueden reprocesar para intentar encontrar una resolución adaptativa.